domingo, 17 de abril de 2011

Con J de Justicia


Mis queridas alumnas, les deseo un lindo domingo lleno de alegría y buenas compañías. La clase de hoy es la de la J, esa letrita que parece caramelo de navidad de cabeza, es como un bastón al reves. Con ella se escribe JUSTICIA, que es por lo que luchamos. No pedimos ni más ni menos que lo justo, la igualdad, la libertad, la garantía de que no somos una población al margen de la ley. Somos ciudadanas que cumplimos con nuestras obligaciones y que exigimos nuestro derecho a ser tratadas como adultos responsables y no como menores de edad supeditadas a la buena voluntad de los patriarcas.
Por voluntad propia hemos escogido un tipo de vida diferente al de la mayoría de la sociedad. Seguimos siendo hijas, hermanas, madres, tias, sobrinas, primas, vecinas, colegas... el hecho de que nuestra vida afectiva se incline hacia las mujeres no nos quita nada en absoluto. Por el contrario, vivir la minoría nos hace más solidarias con los marginados, con los descastados, con los olvidados. Ya pasamos por ahi durante muchos siglos. Ya servimos mesas, lavamos pañales, parimos hijos, lavamos baños y letrinas, es momento de que exijamos a la sociedad nuestro derecho de piso.
Las lesbianas somos la minoría de la minoría pero eso solo explica la enorme cantidad de homosexuales que somos en el siglo XXI. Somos un auténtica delicia electoral. Un público con una capacidad económica privilegiada, pero aun así la homofobia cobra una víctima cada dos días. Los crímenes de odio hacia los homosexuales son un foco rojo en la higiene mental de la sociedad. Un homófobo tiene serios conflictos con su identidad sexual, y al verse reflejado en un homosexual se torna violento y su enorme culpa le hace cometer todo tipo de actos atroces.
Queremos justicia, queremos que los asesinos y violentadores de homosexuales sean castigados con todo el peso de la ley y sin que los prejuicios absurdos de los funcionarios afecten el curso de los hechos. No queremos una policía homófoba, queremos servidores públicos imparciales y dedicados por entero a defender la ley y los derechos de todos por igual.
Queremos un mundo donde se reconozca a todas las familias por igual. Donde los niños no crezcan condicionados por los prejuicios de los adultos y acepten lo diferente como se acepta un juguete nuevo. Queremos escuelas donde los valores sean de igualdad y la educación efectiva. Una sociedad que promueva los gustos de sus niños sin obligarlos a jugar carritos o a usar vestidos si no quieren, que los niños jueguen a las barbies y las niñas a los policías. Tengamos en cuenta que durante la infancia nuestras preferencias afectivas son neutras, no reconocen sexos ni géneros, los niños quieren por igual, aceptan por igual, los adultos les transmitimos nuestros odios y los niños buscando aceptación los adoptan como propios. Eso tenemos que detenerlo, dejemos los odios guardados y promovamos los amores, la pasión por ver salir el sol,  juguemos a ver figuras en las nubes y trabajemos por un mundo mejor.
El factor que nos hace definir nuestra preferencia sexual es afectivo, no es relevante con quién te acuestas sino de quién te enamoras. Y cierro esta entrada con una cita de Sor Juana Inés de la Cruz:


Ser mujer, ni estar ausente,
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú que las almas
distancia ignoran y sexo

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