miércoles, 20 de junio de 2012

LOS CONTEMPORANEOS


Si nos remontamos a los primeros años del siglo XX en México encontraremos una sociedad claramente permeada por homo-sexuales en todos los ámbitos de la vida nacional. El desenfreno y la vorágine en la que se vivía la sexualidad era finisecular. La Ciudad de México en el retrato que hace Salvador Novo en La Estatua de Sal, nos refleja una metrópoli en la que los hombres que tenían sexo con hombres tenían rutas en los tranvías para tener encuentros sexuales, así como reuniones y sitios de encuentro por toda la zona metropolitana, para 1945 que se escribe, Novo ya tenía pleno conocimiento de ese mundo y se movía como pez en el agua junto con muchos per-sonajes más.

La comunidad -a puerta cerrada- tenía sus lugares y sus protagonistas sociales. Salvador Novo, Carlos Pelli-cer, Xavier Villaurrútia, Manuel Rodríguez Lozano, Elías Nandino, Jaime Torres Bodet y otros tantos se identificaron bajo pautas artísticas semejantes y bajo una identidad homosexual compartida. La literatura homoerótica no se hizo esperar así como la pintura y otras tantas expresiones humanas, un grupo prolífico que deja documentación de la vida privada en su época post revolucionaria y de posguerra. Mucho podemos decir de cada uno de los contemporáneos sus vidas y obras son fantásticas y míticas. No todos fueron homosexuales en el grupo pero sí una gran mayoría de ellos se manifestaron de esa manera sexualmente. La gran interrogante del grupo es Jorge Cuesta, poeta y químico del que se cuentan terribles leyendas permeadas de verdad histórica. Si bien Cuesta no solo era un tipo de suerte con las mujeres y hasta se dio el lujo de robarle la esposa al mismo Diego Rivera, Lupe Marín, con la que tuvo un hijo al cual se dice que violó siendo este muy pequeño, después trató de emascularse con un desarmador por lo que fue atendido de emergencia en un hospital. Muchos fueron los brotes de locura de Jorge Cuesta, el heterosexual del grupo, al final de su vida en un brote psicótico llegó afirmando que se había convertido en mujer y que estaba menstruando. Al revisarlo el doctor se dio cuenta de que se trataba de unas hemorroides sangrantes, pero sin duda en el delirio de Cuesta ya era toda una mujer. El heterosexual del grupo era transexual y se veía en una crisis de identidad sexo genérica en plena edad adulta. Más tarde se suicidó con las sábanas de su cama colgando de una ventana.



El suicidio es frecuente ente los contemporáneos, Antonieta Rivas Mercado, su gran amiga y mecenas se pegó un tiro con la pistola de su amante (José Vasconcelos) nada más que dentro de la catedral de Notredamme en París. Xavier Villaurrutia, magnífico escritor, amante y mejor amigo de Salvador Novo, cómplice de correrías y autor de grandes obras hizo tal berrinche cuando Novo no quiso estrenar su última pieza en Bellas Artes en las fiestas decembrinas envenenó su cena y murió delante de su madre y su hermana. Jaime Torres Bodet se pegó un tiro con una escopeta. Abraham Ángel, joven pintor amante de Rodríguez Lozano, se suicida de una sobredosis en una fiesta.  


Villaurrútia escribe el Nocturno Amor precisamente a este episodio de la vida del artista y se lo dedica a él.

En las imágenes Salvador Novo, Jorge Cuesta, Xavier Villaurrútia, Manuel Rodríguez Lozano, Abraham Angel y Antonieta Rivas Mercado



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