miércoles, 23 de mayo de 2012

CAPRICHOS 4



En una silla esta sentado EL SEÑORITO don agustín, la luz lo dibuja a él y a sus barberos, RAMON Y JUAN, los deja en las sombras, solo sus manos se muestran agiles y serviciales. sus voces salen de la oscuridad.
SRITO: ¿Y tú Ramón piensas que con los arreglos que le has hecho a mi pelo me vea yo más joven?
RAMON: Más joven de lo que se ve el señorito imposible, su rostro es el de un infante, pero con el corte moderno se verá más buen mozo todavía.
SRITO: Todo ayuda Ramón, todo es ayuda cuando uno se va a desposar con tan delicada criatura como la Lucillita.
JUAN: Si me permite el Señorito felicitarle, la niña es un pan.
SRITO: Una joya más que un pan, Juan. El pan está al alcance de cualquiera, las joyas solo de unos pocos, como yo.
RAMON: Ella es la premiada señorito, que usted parecía no querer sentar cabeza.
SRITO: Ver la muerte de cerca enseña. Mientras me atendía el médico, pensaba yo en lo mucho que la vida se llevaría sin haberme dado: una familia, unos hijos, un hogar propio donde ser él.
JUAN: ¿Y cómo ha sido el romance?
SRITO: El romance no se acostumbra en mi familia, el hombre escoje en la plaza y compra en la casa.
RAMON: Y a qué santo se ha encomendado el señor en su matrimonio.
SRITO: A San Billetes, que es el que más milagritos tiene y hace.
JUAN: La niña debe entonces estar muy complacida, usted tan rico, tan inteligente, tan sobrio, tan rodeado de gente que le estima y le quiere. Debe ser el hombre de sus sueños.
SRITO: A los 13 años las mujeres son más tontas que núnca, se enamoran de un cuerpo y no de sus cualidades intelectuales.…
RAMON: No se preocupe Don Agustín, usted tiene un cuerpo único y estoy seguro que a la hora de cumplir hará a la Lucillita muy feliz.
JUAN: Claro que podría ayudarse de la sabiduría popular.
SRITO: ¿Y cuál es esa?
JUAN: La de la Cuerva, esa prepara unos filtros de amor que nadie ha podido decirse malquerido.
SRITO: Venenos y drogas, en eso se les va el dinero a ustedes.
RAMON: La Cuerva es la mejor encantadora que hay por aquí, dicen que a Don Fermín...
SRITO: ¿El viejo de la botica?
JUAN: Ese mismo.
RAMON: Le devolvió la potencia, las ganas y no solo eso, hizo que la hija menor de la Chupacera, de 15 años, cayera perdidamente enamorada de él, al grado que fue la niña la que por su propio pie se metió en la casa del viejo, sin que él la llamara siquiera.
JUAN: Y de allí en adelante le cambió la cara a los dos, salían poco, pero cuando lo hacían cargaban sonrisas tales que incitaban a fornicio.
SRITO: ¿De verdad?
RAMON: Nada más cierto.
SRITO: Y dónde se consigue a esa Cuerva.­
JUAN: En el Burdel, ¿dónde más?
SRITO: Pero yo no soy afecto a esos lugares y ahora menos que nunca.
RAMON: Nosotros podríamos ir y dejarle mensaje y cita con usted.
JUAN: Pero estoy seguro que las muchachas estarían encantadas con el señorito.
SRITO: ¡Yo no voy a esos lugares! Acaben ya y mañana vendré para ver a esa mujer.
sale a toda prisa.
RAMON: Entonces es cierto eso de que el Santiago dejó al señorito como niña.
JUAN: Tantas jorobas y bolas dios le dió que algunas le hubo que quitar.

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