viernes, 19 de octubre de 2012

Para mis Hermanastrans


Hoy se celebra el día de la despatologización trans, esto es que en la actualidad los travestis, los trangéneros y los transexuales son considerados como enfermos mentales por la Organización Mundial de la Salud. Bajo el nombre de trastorno de disforia de género (disforia es el antónimo de euforia y quiere decir incomodidad o malestar) el querer ser del sexo opuesto al biológico que indica un fuerte rechazo a los genitales con los que nacemos. Los travestis se disfrazan como gente del sexo opuesto, los transgéneros modifican sus cuerpos para asemejarse al sexo opuesto al de nacimiento y viven como tales y los transexuales se operan para tener genitales y cuerpos que parecen del sexo opuesto. Todos nos definimos con dos variantes: la orientación sexo genérica (de que sexo nos sentimos) y la preferencia sexual: heterosexualidad (solo sexo con el sexo opuesto) la bisexualidad (sexo con ambos géneros) y la homosexualidad (solo sexo entre sexos iguales). No todos los trans (trans quiere decir más allá) son iguales, la diversidad es infinita, una cosa es querer vivir como mujer siendo hombre o vivir como hombre siendo mujer y otra muy distinta como se manifiesten sus gustos y preferencias sexuales.
Los trans tienen personalidades que buscan cambiar o vivir diferente a como se espera que vivan socialmente pues vivimos en una sociedad genitalizada: si tienes vagina debes ser sumisa y pasiva y si tienes pene debes ser activo y potente. Todos los días nos damos cuenta que no es así en la realidad, que hay mujeres activas y potentes y hombres pasivos y sumisos -por mencionar solo los extremos-. Como la luz se descompone en todos los colores del arco iris cuando pasa por un prisma la sexualidad y la orientación sexo genérica se manifiestan en todas las variantes posibles (que son infinitas).
La definición de la preferencia sexual viene del factor afectivo. El sexo es lo de menos, el afecto es lo más importante pues importa más de quién nos enamoramos que con quien nos acostamos.
Cuando somos niños se nos permite naturalmente expresar afecto por ambos géneros, es en la adolescencia cuando nos definimos erótico afectivamente y cuando comenzamos a jugar el rol social y sexual de manera activa y en nuestra búsqueda de aceptación lo jugamos de la única manera que la sociedad heterosexual la supone: hombres con mujeres y viceversa. Aquí empezamos todos pues la sociedad da por hecho que todos partimos de la postura heterosexual sin contemplar que podemos ser bisexuales u homosexuales. De aquí viene el proceso de definición o “salir del clóset”.
Así como hace 20 años los psiquiatras se pusieron de acuerdo en sacar la homosexualidad o la bisexualidad del manual de enfermedades mentales reconociendo que no se trata de una patología ahora esperamos que los mismos médicos consideren que la disforia de género no es una enfermedad sino una opción de vida válida. Si me quiero vestir de hombre, de mujer o de bombero es indistinto a la sociedad, es algo que me compete solo a mí como individuo pues solo yo sé cómo soy y cómo quiero vivir mi vida. Si soy travesti, transgénero o transexual es asunto mio solamente. Si bien la higiene mental de todos es de vital importancia en el caso de los compañeros y compañeras trans se dan cuadros complejos, no porque estén enfermos del cerebro sino porque la discriminación, la homofobia y la transfobia los orillan a dejar de tener las mismas oportunidades de las que gozamos los que no tenemos una identidad trans. Gracias al bullying que viven en las escuelas abandonan sus estudios, gracias a la discriminación en sus casas abandonan a sus familias, gracias a la homofobia en la sociedad se aíslan y se marginan viviendo como prostitutos o prostitutas pues no tienen oportunidades de un trabajo formal, siendo víctimas de violencia en sus parejas y negándose a tener una vida familiar plena. Este fenómeno es completamente social, la enfermedad mental es social, no es del individuo trans. Vivimos en una sociedad enferma por el odio y la discriminación y los crímenes por homofobia sí son preocupantes, no si mi hijo pasa a ser mi hija, sino porque cualquier enfermo de odio puede agredirlo o agredirla o incluso asesinarle.
Yo quiero invitar a todos a que los psiquiatras mexicanos consideren estos factores, a que estudien y hagan un plebiscito para despatologizar la condición trans en aras de que estas personas gocen de los mismos derechos que cualquier ciudadano tiene hoy en día en nuestra democracia. Considerarlos enfermos mentales es convertirlos en inválidos sociales. En mi humilde opinión la Organización Mundial de la Salud (OMS) comete una injusticia con los hermanos y hermanas trans pues ni puede curar lo que indica ni puedes corregir lo que se manifiesta, solamente los estigmatiza agudizando así su por demás condición vulnerable.  

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